jueves

Calle Cangallo, Martinez, Gran Buenos Aires, AR

A lo largo de los años que he estado reflexionando sobre la iglesia, mi esposo, Tim, me ha animado a escribir algo al respecto. Hacia este fin, se le ocurrió que después de cumplir con unos compromisos ministeriales en Argentina, deberíamos pasar una semana en Buenos Aires en la que yo no hiciera más que escribir. Un amigo, Terence, se sumó al proyecto, ofreciéndonos alojamiento en su departamento en la zona norte de la cuidad pero había un problema: ¿qué haría Tim durante estos días? Desde que nos casamos hace quince años hemos realizado la mayoría de nuestro trabajo juntos y él no es del tipo que aguanta estar aburrido. Resolvimos el dilema, invitándole a Chase, un amigo de Orlando, Florida, a pasar la semana con Tim, conociendo Buenos Aires y a nuestros amigos allí.

La semana resultó perfecta. Tim, Chase y Terence oraban por mí por la mañana y después salían, dejándome sola todo el día para que escribiera. Al regresar por la tarde, nos reuníamos en el tejado para el tradicional bocadillo vespertino argentino, «facturas» (pan dulce) y «mate» (una infusión preparada con hojas de yerba mate), y me escuchaban leer lo que había estado escribiendo. Una tarde, Chase, sentado a horcajadas en la barandilla del tejado, nos contó acerca de una conversación con un amigo suyo en Orlando:

«Así que un día llamé a Travis y le dije:

— Quiero que me acompañes esta noche. No te voy a decir adónde, sólo confía en mí.* ¿Está bien?

—No me vas a hacer ir a la iglesia ¿o sí? — me respondió.»

Chase nos trataba de hacer notoria la resistencia de sus amigos hacia los cultos cristianos, pero lo interrumpí:

— He llegado al punto en que no soporto cuando la gente habla de «ir a la iglesia». La iglesia no es un edificio, entonces ¿por qué nosotros, los que lo sabemos, seguimos hablando como si lo fuera? Sé que todos usan la palabra de esa forma, y que cuando la dices la gente sabe a qué te refieres, pero me molesta cada vez que la digo u oigo.

Tim intervino — Quiero tener una playera que tenga impreso con grandes letras: «Deja de ir a la iglesia» y, cuando la gente me pregunte el porqué, me voltearé y les mostraré que atrás dice: «Empieza a ser la iglesia».

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Muchos de los que hemos pasado años «yendo a la iglesia» hemos comenzado a preguntarnos: ¿Realmente necesito ir a la iglesia?, ¿Por qué? ¿Y qué si no me aporta nada el ir? ¿Está Dios más contento conmigo cuando mi vida está llena de actividades religiosas?

Estas preguntas reflejan una interrogante más profunda: ¿Qué es la iglesia?

(*A propósito, Chase quería que Travis le acompañara a media noche al bowling, la bolera, el boliche o como lo llames en tu país.)

4 comentarios:

Verónica dijo...

Es interesante, en la reunión de nuestro grupo de jóvenes el domingo pasado, después de haber leído la Carta II de Cartas Del Diablo A Su Sobrino formamos equipos y pedimos a los chicos que hicieran preguntas relacionadas con los temas que identificaban en la carta, uno de los equipos pregunto: ¿Por qué vienes a la iglesia? Mi reflexión fue, en realidad no pienso que voy a la iglesia sino que "ando" con la iglesia. Dije: "Para mí, 'ir a la iglesia' es encontrarnos en un café para escuchar y compartir acerca de la vida y de la fe, disfrutar actividades con amigos, asistir a un congreso para compartir y aprender de otros, incluso una conversación en el chat..." Esto es de significado trascendente y profundo para mi vida y ministerio.

Jonathan Jeremías Peralta Gutiérrez dijo...

Hola Annette, estaba leyendo un bonito libro que se llama "la insoportable levedad del ser" del Escritor Checo Milan Kundera cuando apareció una definición de iglesia que me sorprendio bastante por su frialdad. El dice:

" La fe calvinista convirtió hace ya siglos la iglesia en un simple Cobertizo que no tiene otra función que la de proteger la Oración de los creyentes de la lluvia y la nieve".

El punto no es lo que dice de la fe calvinista, el punto es que la esta iglesia (una iglesia "antigua en Amsterdan" como dice Kundera) No es más que un refugio para las inclemencias del exterior. Me pregunto si no es para eso que se ocupa (evité el "ocupamos")lo que es un local, sólo para aislarnos voluntariamente de lo "externo" y no dejarnos llevar por la belleza externa que la iglesia llama "lo terrenal".

Dario K dijo...

Estoy empezando a leer todo lo que escrbiste y mi primer comentario es: No podes decir que la factura es un mero pan dulce ¿Que facturas estas comiendo? :D

annette dijo...

Claro que podria decir "pan dulce" pero 1) me divierto con estos trastornos del idioma de pais en pais, 2) una buena "factura de grasa" no se compara con cualquier pan dulce :-)

 
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