miércoles

Bienvenido

Aunque La Iglesia Portátil está publicado en Blogspot, verás que lo que sigue no es un blog tradicional. Es un libro, un documento que constituye en sí mismo un texto completo acerca de un tópico específico, la iglesia.

Aunque es un libro, verás que va mucho más allá que un registro de mis pensamientos porque incluye ilustraciones, fotos, mapas, links y comentarios que han hecho amigos y gente totalmente desconocida.
C.S. Lewis dice que cuando no encontramos libros del tipo que queremos leer, nos toca escribirlos. Es lo que he hecho.

Cuando me impacta algún autor, me interesa conocer la persona real detrás del personaje. Quiero saber si solamente sabe pensar y escribir bien o si también sabe vivir bien. Por esto te abro mi vida; te cuento anécdotas personales, te muestro fotos y te presento a personas que me han impactado. Verás que no soy perfecta, pero intento ser autentica.

Cuando me intriga algo quiero saber más, por esto incluyo links donde puedes encontrar más información acerca de todo tipo de detalles desde donde compramos en Internet a porqué tantas veletas tienen forma de gallo.

Reconozco que mi perspectiva está condicionada por mi cultura, mi temperamento y mis experiencias, por lo tanto necesito complementarla con la de otras personas. Por esto verás selecciones de conversaciones que han transcurrido con amigos interactuando con el tema.


En los últimos años ha incrementado el interés en el tema de la iglesia. No pretendo ser experta, no estoy al tanto de todas las conferencias, blogs, y libros acerca del tema. No tengo respuestas a cada pregunta. No tengo una iglesia modelo que puedes visitar.

Pero tengo unas metáforas que han cobrado gran significado para mí porque me ayudan a discernir en qué vale la pena invertir mi vida y en qué no.

Además tengo mi historia personal. Tiendo a pensar que mi vida es bastante normal, pero he experimentado cosas que no todo el mundo tiene la oportunidad de vivir. Hace años una mujer de la iglesia donde crecí, Lillian Love, me dijo, "Debes escribir sobre tu vida." Y como dice Tim, autobiografía y eclesiología chocaron y lo que salió esta a continuacion. Espero que lo disfrutes.

[Si quieres bajarlo como PDF haz click en este link: http://www.scribd.com/doc/59757439/La-Iglesia-Portatil]

jueves

Primera Parte: Capítulo 1

ECLESIOLOGÍA BÁSICA
O
¿QUE DIABLOS ES LA IGLESIA?
Es tan fácil confundirse al respecto… es fácil pensar que la iglesia tiene una gran cantidad de diferentes objetivos: educar, construir, enviar misiones, realizar servicios religiosos… la Iglesia existe sólo para llevar a los hombres a Cristo, para hacerlos pequeños Cristos. Si no lo están haciendo, todas las catedrales, clérigos, misiones, sermones, incluso la Biblia misma, son simplemente una pérdida de tiempo.

MERO CRISTIANISMO C.S. Lewis

Mira, esto no se trata de la iglesia, es sobre La Iglesia…

REVOLUTION George Barna

Calle Cangallo, Martinez, Gran Buenos Aires, AR

A lo largo de los años que he estado reflexionando sobre la iglesia, mi esposo, Tim, me ha animado a escribir algo al respecto. Hacia este fin, se le ocurrió que después de cumplir con unos compromisos ministeriales en Argentina, deberíamos pasar una semana en Buenos Aires en la que yo no hiciera más que escribir. Un amigo, Terence, se sumó al proyecto, ofreciéndonos alojamiento en su departamento en la zona norte de la cuidad pero había un problema: ¿qué haría Tim durante estos días? Desde que nos casamos hace quince años hemos realizado la mayoría de nuestro trabajo juntos y él no es del tipo que aguanta estar aburrido. Resolvimos el dilema, invitándole a Chase, un amigo de Orlando, Florida, a pasar la semana con Tim, conociendo Buenos Aires y a nuestros amigos allí.

La semana resultó perfecta. Tim, Chase y Terence oraban por mí por la mañana y después salían, dejándome sola todo el día para que escribiera. Al regresar por la tarde, nos reuníamos en el tejado para el tradicional bocadillo vespertino argentino, «facturas» (pan dulce) y «mate» (una infusión preparada con hojas de yerba mate), y me escuchaban leer lo que había estado escribiendo. Una tarde, Chase, sentado a horcajadas en la barandilla del tejado, nos contó acerca de una conversación con un amigo suyo en Orlando:

«Así que un día llamé a Travis y le dije:

— Quiero que me acompañes esta noche. No te voy a decir adónde, sólo confía en mí.* ¿Está bien?

—No me vas a hacer ir a la iglesia ¿o sí? — me respondió.»

Chase nos trataba de hacer notoria la resistencia de sus amigos hacia los cultos cristianos, pero lo interrumpí:

— He llegado al punto en que no soporto cuando la gente habla de «ir a la iglesia». La iglesia no es un edificio, entonces ¿por qué nosotros, los que lo sabemos, seguimos hablando como si lo fuera? Sé que todos usan la palabra de esa forma, y que cuando la dices la gente sabe a qué te refieres, pero me molesta cada vez que la digo u oigo.

Tim intervino — Quiero tener una playera que tenga impreso con grandes letras: «Deja de ir a la iglesia» y, cuando la gente me pregunte el porqué, me voltearé y les mostraré que atrás dice: «Empieza a ser la iglesia».

********

Muchos de los que hemos pasado años «yendo a la iglesia» hemos comenzado a preguntarnos: ¿Realmente necesito ir a la iglesia?, ¿Por qué? ¿Y qué si no me aporta nada el ir? ¿Está Dios más contento conmigo cuando mi vida está llena de actividades religiosas?

Estas preguntas reflejan una interrogante más profunda: ¿Qué es la iglesia?

(*A propósito, Chase quería que Travis le acompañara a media noche al bowling, la bolera, el boliche o como lo llames en tu país.)

El lado oriente de Wichita, Kansas, EEUU

Cuando era pequeña pensaba que el globo terráqueo que mi papá tenía en su estudio mostraba el mundo exactamente como es. Sabía que la tierra no era ni rosa ni azul como estaba coloreada en el atlas, pero pensaba que los límites de los países eran tan fijos como las formas de los continentes. La geografía que aprendí en la escuela primaria me parecía incuestionable, lo mismo que cualquier otra materia. Cuando mi familia hizo un viaje en automóvil de Kansas a Texas, yo esperaba ver líneas pintadas en la tierra delineando los estados. Recuerdo mi sorpresa cuando descubrí que los límites estatales y las fronteras nacionales fueron trazados arbitrariamente, en lugar de reflejar la naturaleza intrínseca de la tierra y su población.

De la misma manera, crecí con la sensación de que la esencia de la iglesia se encontraba en el orden del culto que seguíamos cada domingo a las 11 A.M. en la Iglesia Presbiteriana Eastminster, en la esquina de las calles 9ª y Armour:

· Bienvenida
· Anuncios
· Canciones/Himno
· Lectura bíblica
· Sermón
· Canto durante las ofrendas
· Doxología
· Otro himno o canciones
· Bendición

Debido a que fui a una escuela luterana para mi educación secundaria, a una católico-romana para mi educación media superior, a una universidad bautista, y de que me he congregado con pentecostales y carismáticos a lo largo de América Latina, he podido contactarme con una gran gama de denominaciones cristianas. De manera general, a pesar de nuestras diferencias teológicas, todos hacemos casi las mismas cosas en nuestros cultos. Ingresamos a un salón y tomamos nuestros lugares mirando la parte posterior de las cabezas de otros; nos ponemos de pie o nos sentamos dependiendo de si vamos a hablar o a escuchar; cantamos, oramos, escuchamos un canto, escuchamos un sermón, salimos en fila del salón, charlamos por unos minutos y volvemos a casa. Los carismáticos realizan más esfuerzo aeróbico que sus hermanos más tradicionales, y los católico-romanos rompen el molde aquí y allá, haciendo gesticulaciones, poniéndose de rodillas, y con actividades extracurriculares como la confesión, pero el formato general es prácticamente el mismo. Esto me llevó a creer que Dios prescribió específicamente mucho, si no todo, de este ritual. Me ha costado más que un simple viaje entre dos estados para superar esta visión de la iglesia.

Hace algunos años un colega español, Félix Ortiz, nos animó a leer Postmodern Youth Ministry [Ministerio Juvenil Postmoderno] de Tony Jones. En ese entonces subrayé lo siguiente:

Lo siento, no contiene modelos...

Este libro no te dará un modelo para tu ministerio juvenil, ese no es mi propósito. No tengo el grupo de jóvenes más grande en mi área, y tampoco estoy tratando de venderte un sistema o un paradigma...

En lugar de promover un nuevo paradigma, debemos deconstruir los viejos paradigmas, y luego proponernos una serie de reflexiones sobre la cultura, la iglesia y el estado del ministerio juvenil al inicio del tercer milenio.
Cuando por primera vez leí esto, la palabra «deconstruir» me sonó terriblemente agresiva, pero he llegado a entender que sólo sabrás qué salvar, qué remodelar y qué desechar después de hacer un análisis crítico. Un amigo chileno, Jonathan, me hizo ver la relación con el reciclaje: se quedan con lo que sirve y desechan lo que ya no sirve para crear algo nuevamente útil.

Boulevard Clinton, Jackson, Mississippi, EEUU

Al graduarme de la universidad, decidí estudiar una maestría porque sentía que no estaba preparada para un trabajo en el mundo real aunque había sacado dos licenciaturas, una en literatura y otra en castellano. Solo me faltaba decidir qué estudiar. Durante mis estudios universitarios quedé fascinada con mis dos semestres de fotoperiodismo –en la fotografía, finalmente descubrí un arte que no depende de la coordinación entre el cerebro y las manos, la cual me falta— así que comencé a investigar escuelas de fotografía y elaboré un portafolio con mis propias fotos para presentarlas con la solicitud de admisión. En ese tiempo, visité la República Popular de Mongolia con mi madre y mis dos hermanas con el propósito de recolectar datos para un análisis de un proyecto misionero. Al trabajar en ese informe me di cuenta del papel crítico que juegan las palabras en la comunicación y como resultado, decidí no estudiar fotografía sino continuar en la línea del uso del lenguaje escrito.

Debido a que sentí menos confianza en mis pensamientos que en mis destrezas técnicas, decidí estudiar la Biblia y teología a fin de tener un fundamento más firme desde el cual escribir. Mi padre le preguntó al profesor y teólogo Dr. John Gerstner, un amigo que había sido teólogo residente en nuestra congregación, qué escuela recomendaba para mí. Dr. Gerstner respondió: «El Seminario Teológico Reformado [RTS] que se encuentra en Jackson, Mississippi. He sido invitado a impartir una clase en el periodo invernal, así que te veré allá».

Mis estudios superiores en RTS me dieron el fundamento que buscaba pero de una forma inesperada. Llegue buscando información; salí más impactada por el ejemplo de humildad y respeto por la Palabra de Dios de algunos profesores. Los observé realizando una meticulosa investigación de los manuscritos bíblicos y sometiendo sus opiniones y sus preferencias personales a lo que esto les reveló. Ellos corroboraban esta interpretación personal con las perspectivas de su comunidad actual y con lo que Dios le ha enseñado a sus hijos a través de los siglos. En cambio yo me había estado nutriendo de la palabra de Dios como un polluelo, dependiendo de lo que otros encontraban y regurgitaban para dármelo. Me fui percatando lentamente de que, como resultado de mi falta de conocer los textos originales, muchas de las cosas que había asumido como claramente especificadas en la Biblia no lo estaban.

El primer día de clases sobre las epístolas paulinas el profesor Knox Chamblin pidió a los estudiantes compartir las preguntas que esperaban fueran respondidas durante el semestre que duraría el curso. Cuando mis compañeros, muchos de ellos mayores que yo y con años de experiencia en el ministerio, dijeron cosas como: «Quiero entender la relación entre el capítulo seis y el siete de Romanos», me di cuenta que ellos estaban buscando respuestas a preguntas que yo ni siquiera me había planteado. «¿Qué es la iglesia?» es de las preguntas que nunca me hice y como resultado, aunque asistí a clases de eclesiología y leí extensamente acerca de la historia de la iglesia, nunca presté mucha atención a la información que me suministraron. Pero ahora, después de cuarenta años de «ir a la iglesia», cinco años de asistir a cursos a nivel de maestría en el seminario, y diez años de ser misionera, me interesa tener un entendimiento mas claro de las siguientes interrogaciones acerca de la iglesia:

· ¿Es un lugar adonde vas?

· ¿Es algo que haces?

· ¿Algo que eres?

· ¿Cuál es la relación entre lo que he hecho toda mi vida los domingos en la mañana y lo que Dios quiere de y para su pueblo?

Siendo fiel al modelo que me dieron mis profesores, primero investigo lo que dice la Biblia acerca de la iglesia. El Nuevo Testamento en griego identifica «ekklesia» como la palabra original que traducimos como «iglesia» y The Theological Dictionary of the New Testament [El Diccionario Teológico del Nuevo Testamento], por Gerhard Kittle, explica que se usaba esta palabra cotidianamente para una asamblea de cualquier tipo, no sólo una religiosa. También aprendo que existe una continuidad entre «ekklesia» en el Nuevo Testamento y las «santas convocaciones» (RV) o «reuniones solemnes» (NVI) («qahal» en hebreo) que Dios estableció para su pueblo en el Antiguo Testamento. Pablo se alinea con el concepto de la iglesia como la asamblea del pueblo de Dios en 1ª de Corintios 11:18, «…oigo decir que cuando se reúnen como iglesia…».

También investigo qué otras palabras son usadas por los autores bíblicos para referirse a iglesia porque, cuando busco «iglesia» en el Diccionario Evangélico de Teología, este me dice: «si uno quiere ser veraz respecto al testimonio del Nuevo Testamento, se debe reconocer que hay una multiplicidad de imágenes y conceptos que contribuyen al entendimiento de la naturaleza de la iglesia». Algunos de esos conceptos o ideas que están emparentadas son: la casa de Dios, el pueblo de Dios, el pueblo escogido, Israel de Dios, y un cuerpo con muchos miembros.

Con este trasfondo en mente, abro mi concordancia y leo todos los pasajes bíblicos en que aparece «iglesia» y sus sinónimos. Pongo atención especial al término «casa de Dios» ya que comunica lo que la mayoría de las personas entiende cuando dice «iglesia»: un lugar sagrado. La Biblia usa «casa de Dios» para hablar acerca de la morada de Dios, pero también dice explícitamente que Dios no mora en un edificio construido por manos humanas (1ª Reyes 8:27; Hechos 17:24) sino con su pueblo (Éxodo 29:45, Apocalipsis 21:3): «Porque nosotros somos templo del Dios viviente. Como él ha dicho: “Viviré con ellos y caminaré entre ellos. Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo”» (2ª Corintios 6:16). Encuentro la imagen más clara de la esencia de la iglesia en Mateo 18:20, «Porque donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».

Mi estudio me deja convencida que definir la cuestión respecto a la iglesia no está en cuándo o en dónde sino en quién y con qué propósito. Estas observaciones están sustentadas en el testimonio histórico. Martín Lutero definió a la iglesia como «la asamblea espiritual de personas» e intentó ayudar a la gente a ver que la idea bíblica no se centra en un edificio o en el clero sino que «la esencia correcta, real y verdadera de la iglesia es un asunto del espíritu y no de nada externo». Richard Baxter, el gran pastor inglés del siglo XVII, definió a la iglesia como «una sociedad cristiana santa-–ese es el quién—para una ordinaria comunión santa y ayuda mutua en adoración pública a Dios y en llevar un estilo de vida santo» –ese es el con qué propósito.

Condominios West Cove, Maitland, Florida, EEUU

He leído que se puede definir a una persona con base en las cosas que no quiere dejar; si eso es cierto, a mí me definen los libros, la música, el arte, la ropa y los recuerdos, porque eso es lo que Tim y yo trajimos a Orlando cuando dejamos México después de vivir allí 10 años. La habitación de huéspedes del departamento al que llegamos estaba vacía, excepto por un librero, el cual resulta ser el mueble que más necesitamos. La mayoría de mis libros están allí, vagamente organizados por género y autor, pero unos pocos habitan la sala que tiene una fabulosa vista al lago: materiales para nuestro tiempo devocional, las herramientas de estudio bíblico y mi colección de C. S. Lewis.

En una colección de ensayos titulada Present Concerns [Asuntos Presentes], Lewis tiene una pequeña obra llamada Talking about Bicycles [Hablando de bicicletas] en la que opina que hay cuatro edades por las que pasamos con relación a prácticamente todo: la edad «no-encantada», la edad «encantada», la edad «desencantada» y la edad «re-encantada». Cuando yo era pequeña, vivía «no-encantada» con la iglesia; unas personas amables me cuidaban en la guardería o me daban jugo y galletas en la escuela dominical, pero, en general la iglesia, en las palabras de Lewis, «sólo formaba parte del enorme trasfondo sin importancia de las actividades que realizan los adultos».

Las historias bíblicas me llevaron a la edad «encantada». Cuando todavía estaba en la escuela primaria ayudaba a mi mamá en la «iglesia infantil» contándoles a los niños más pequeños historias que iban acompañadas de ilustraciones en un rotafolio o un franelógrafo. Al narrar la historia de la creación o del arca de Noé, yo llenaba un trasfondo pintoresco con animales y pájaros o agregaba ladrillos al muro destruido de Jerusalén mientras les contaba acerca de cómo lo reconstruían los hombres de Nehemías con las espadas listas en sus cinturones. Estas escenas e historias me impactaron profundamente (todavía tengo un recuerdo vivido de las columnas de mármol y el trono de oro del franelógrafo del palacio del rey Asuero); a través de ellas Dios se convirtió en alguien que llena el mundo de vida y color, y quién lleva a cabo sus planes por medio de un concurso de belleza, como en el caso de Ester, y un niño con una honda, como en el caso de David, alguien que me ama y envió a su Hijo a morir por mis pecados. La iglesia era el lugar donde aprendí más acerca de Él, cantaba canciones y les enseñaba a otros las historias que conocía.

Hubo muchos factores que gradualmente me llevaron a la edad «desencantada». Pasé largas noches en el edificio que la gente llamaba la iglesia en «cenas de traje» cuando hubiera preferido estar haciendo… bueno, haciendo cualquier otra cosa. Me sentía cada vez más aislada de mis compañeros; no fui a la misma escuela que ellos; era un año mas joven para el grado en el que estaba, menos madura física y, es probable que también, socialmente; a esto se agrega que mi familia viajaba mucho, lo cual mis compañeros veían como raro.

Las cosas empeoraron cuando ya tenía la edad suficiente para ver los funestos puntos débiles de la iglesia. Mis padres estaban muy involucrados en la vida de la congregación y mi papá era un líder electo, lo que proveyó muchas oportunidades para escuchar acerca de acciones y actitudes de personas que eran todo menos «cristianas». Finalmente, el cambio de una preparatoria católica en Kansas a una universidad bautista en Texas me llevó a un colapso en mi relación con la institución y cultura llamada iglesia porque me pegue contra la realidad que Steve Stockman, en su libro Walk On, llama «una extraña peculiaridad de la iglesia»:

buscan cualidades específicas que indican si eres [cristiano]. Usualmente tienen que ver con usar groserías, fumar y beber. Por alguna razón, hay enseñanzas bíblicas que no… cobran tanta importancia. Entre ellas: la codicia materialista, los prejuicios sectarios, la opresión de la mujer, o el incumplimiento de la justicia social; y de algún modo, puede que ignores mucho de lo que enfatizó Cristo y los profetas, pero debido a que eres abstemio… y asistes a la iglesia dos veces por semana, eres declarado espiritualmente fuerte.

Cuando llegué al postgrado para mis estudios en teología todavía era ambivalente acerca de la iglesia, pero, por medio de un estudio cuidadoso de los textos del Nuevo Testamento, Dr. Chamblin me mostró que, como seguidora de Cristo, necesito amar lo que Él ama y Jesús ama tanto a la iglesia que dio su vida por ella.

En Talking about Bicycles Lewis explica que aunque una persona «re-encantada» no está para nada engañada acerca de la realidad de una cosa, puede apreciar su esencia que «…debajo de todas las otras experiencias, están allí todavía como un caracol en el fondo de una alberca clara y profunda». El conocer, sentirme apoyada por y trabajar con miembros increíbles del cuerpo de Cristo por todo el mundo me ha conducido al «re-encantamiento» con la Iglesia. Aun en su presente forma de «vasijas de barro», son verdaderos tesoros; no puedo esperar verles en su radiante esplendor cuando reflejen perfectamente la gloria de Dios.

¿Qué es la iglesia? Ninguna respuesta está completa a menos que incluya la visión que Juan observó y registró en Apocalipsis 21:2,3:

Vi además la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo, procedente de Dios, preparada como una novia hermosamente vestida para su prometido. Oí una potente voz que provenía del trono y decía: «¡Aquí, entre los seres humanos, está la morada de Dios! Él acampará en medio de ellos, y ellos serán su pueblo; Dios mismo estará con ellos y será su Dios».

lunes

Primera Parte: Capítulo 2

DISONANCIA Y CAMBIO

Todo cambia, Lou Emma, el truco es poder cambiar con ello.
THE MOTORING MILLERS Alberta Wilson Constant


Hoy dame una nueva idea, una nueva visión
Que revolucione mi vida y rompa mi tradición.
Hoy revélame tus misterios, tus verdades Señor
Que me desafían y pongan a prueba mi amor.
DAME UNA NUEVA VISION Miguel Cassina

Aquí y ahora

Estoy convencida de que la perspectiva de una persona está íntimamente ligada al lugar en que se encuentra y a los lugares en que ha estado. He visto que cuando realmente aprendo algo, es debido a una convergencia de factores tanto en mi vida interna como externa, tales como pensamientos, información, conversaciones, observaciones y experiencias personales. Una vez que he aprendido algo en un contexto, puedo entonces extraer el meollo de lo que he llegado a entender desde esta matriz y pasarlo a otras que están en otros contextos.

En The Contemplative Pastor [El pastor contemplativo] Eugene Peterson observa que, «Prácticamente todo en la Escritura está enraizado en lugares específicos y tiene que ver con personas que conocemos por nombre-–no hay abstracciones elevadas ni generalidades arrasadores…». Lo que escribo aqui tiene abstracciones y generalidades, pero, al menos los encabezados te darán una idea del contexto en el que las ideas tomaron forma.
Ahora es 12 de septiembre de 2006. Aquí: fisicamente estoy sentada frente a un escritorio en el departamento de Terence en disfrutando de una taza de té negro acompañado de rebanadas de manzana bañados en dulce de leche después de correr 3 kilómetros por el vecindario de Martínez, pero interiomente estoy viviendo una etapa de transision porque después de vivir diez años en el altiplano central de México, mi esposo Tim y yo nos hemos mudado a Orlando, Florida. Técnicamente, somos «misioneros con licencia», pero esas palabras tienen muy poco que ver con la manera en que nos vemos o con lo que estamos haciendo. Cada vez que tratamos de tener una conversación significativa sobre la etapa que estamos viviendo, sentimos una profunda desconexión entre nuestra vida, lo que amamos, y las palabras que usamos para describir ambas.

«Ahora que salieron de México —nos preguntan los miembros que son responsables del comité de misiones— ¿siguen siendo misioneros? ¿Todavía necesitan fondos de nuestro presupuesto para misiones?»

Les respondemos: «Seguimos dentro de nuestra organización misionera y seguimos haciendo las mismas cosas que cuando vivíamos en México, proveyendo recursos y capacitación para líderes de jóvenes de toda América Latina. Sólo que ahora lo estamos haciendo desde Orlando en lugar de hacerlo desde Toluca.» Sin embargo, sabemos que necesitamos encontrar una mejor respuesta porque las personas nos miran perplejas y no entienden cómo podemos servir a la gente que vive en América Latina si estamos viviendo en Orlando.

A seis meses de iniciada nuestra «licencia», estuvimos dirigiendo unos talleres para líderes de jóvenes provenientes de toda Sudamérica en la convención de Especialidades Juveniles en Mendoza, Argentina, la cuarta conferencia en que habíamos participado en el año. Cuando estábamos preparándonos para dormir después de un día pleno en el que pasamos un tiempo revitalizante con buenos amigos y colegas, sin mencionar el maravilloso privilegio de apoyar presencialmente a cientos de líderes juveniles, Tim me dijo: «Necesito una nueva vida. Una que no incluya la palabra “misionero"».

Cuando acabábamos de entrar a nuestra organización misionera, SEPAL (Servir Pastores y Lideres), a mediados de los 90’s, pensé que mi disgusto por la palabra «misionero» era simple orgullo. Me hacía evocar imágenes de gente de mediana edad mal vestida; gente de quien, en las palabras de Marianne Dashwood, «todos hablan bien, pero con quien nadie quiere hablar». Esas imágenes, formadas a través de años de asistir a incontables reuniones y eventos relacionados con las misiones mundiales, no tenían nada en común conmigo a mis veintitantos años. Pero ahora sé que la desconexión, entre nuestro llamado y el estereotipo que se ha asignado a los misioneros, es mucho más profunda.

En una conferencia acerca de misiones llevada a cabo por una de las iglesias que nos apoyan, le presentaron a Tim un misionero que trabajaba en Centroamérica. Debido a que trabajamos en esa región y a que siempre estamos buscando expandir nuestra red de compañeros de ministerio, Tim le preguntó al hombre lo que hacía. El misionero lo miró perplejo y dijo: «Soy misionero».

«Claro—respondió Tim—También nosotros somos misioneros, y proveemos recursos y capacitación para líderes de jóvenes a través de todo el mundo hispanohablante. ¿Qué hace usted?»

«Soy misionero».

Tim ya no tenía interés en trabajar con este hombre, pero estaba interesado en aclarar el punto-–no estoy segura de cuál punto exactamente…quizá el punto de que la palabra «misionero» no comunica adecuadamente todo acerca de la vida y trabajo de una persona, o tal vez el punto de que los misioneros deberían tener responsabilidades específicas—así que insistió, «Entiendo eso, pero ¿cuáles son sus actividades específicas cuando está en Honduras?».

«Soy un misionero, así que…–el hombre habló despacio y remarcando las palabras cuidadosamente, como hacemos cuando hablamos con alguien que pensamos que no puede entendernos—…predico en las iglesias, dirijo estudios bíblicos en hogares y visito a los miembros de la iglesia».

Hasta ese encuentro, habíamos olvidado que todavía existen personas así, gente cuyo acercamiento a las «misiones» no se ha desarrollado mucho en los últimos dos siglos, personas que se trasladan a un país en donde se ha conocido el Evangelio por más de cien años para hacer lo que la iglesia de esa nación podría hacer, debería hacer, y probablemente está haciendo. El mandato bíblico de hacer discípulos entre todas las naciones, etnias y personas no ha cambiado, pero las necesidades y el contexto de esas personas sí lo han hecho así como ha cambiado el mundo y el panorama religioso, de modo que nuestra manera de hacer el trabajo misionero tiene que cambiar o, al menos, ser examinado de forma crítica.

La angustia existencial de Tim y la mía, la disonancia entre la realidad de nuestras vidas y el vocabulario y las imágenes preconcebidas de la gente con la que interactuamos, forma parte de un cuadro aún más grande. «Las misiones» son sólo un elemento que forma parte de la totalidad de la iglesia, la cual se halla en la misma situación: la esencia de los principios bíblicos no ha cambiando, pero, debido a que el contexto en que se encuentra está cambiando, los modelos necesitan ser examinados y adaptados.

Winter Park, Florida, EEUU 2006-2007

Cuando Tim se mudó a Orlando para su primer trabajo después de terminar la universidad, en 1987, la población era de 460.000 personas y estaba creciendo a un ritmo de mil familias por semana. Aunque ha ido disminuyendo el ritmo de crecimiento desde aquel entonces, Orlando es ahora hogar de más de dos millones de personas y continúa siendo un caso de estudio acerca del cambio, como señaló la revista National Geographic en un articulo sobre la cuidad: «Todo lo que está pasando a los Estados Unidos de América está pasando aquí».

Durante los diez años que Tim y yo vivimos en México, los suburbios de Orlando se extendieron de forma dramática. Mi hermana menor vive con su familia en un área que a principios de los años 90 era huertas de naranjas y pastizales para ganado. Personalmente, me desagradan los suburbios—zonas nuevas donde las casas y tiendas se ven iguales a las que se encuentran en los demás suburbios del país. No obstante, muchas personas prefieren vivir en una casa nueva que no requiere mucho mantenimiento, especialmente si tiene acceso fácil a las plazas comerciales más nuevas.

Pero, no todos los cambios se deben a la expansión de los suburbios. Cuando Tim solía andar en patineta por el centro de Orlando en los años 80, este se hallaba virtualmente desierto en las tardes después que cerraban los bancos y la gente de negocios se iba a casa. Pero ahora la gente está arreglando las casas antiguas y preservando los enormes robles y los arbustos de azaleas a lo largo de las calles enladrilladas, aunque, no todas las casas viejas están siendo restauradas.

Desde que Tim y yo regresamos, hemos visto continuamente la demolición de casas en Winter Park, el área donde vivimos. Durante nuestras caminatas matutinas, miramos con gran interés los cambios en el vecindario. Hemos aprendido a identificar los signos de una casa que pronto va a ser derrumbada. Al principio tiene un aspecto de vacío y abandono… el pasto crecido, jardines descuidados, y la cochera vacía… como si sus propietarios se hubieran ido a un largo viaje. Luego, suena «el toque de muerte» cuando erigen la cerca para el sedimento –una cerca especial una cerca especial para retener al sedimento para que no contamine los lagos

Normalmente la demolición llegará muy pronto después de que aparezca la cerca. En cuestión de días, a veces sólo dos o tres, la casa entera desaparece. Todo lo que queda es un parche de tierra en el pasto del lote. Se tumban las casas o porque carecían de lo que la gente busca en una casa hoy día, como aire acondicionado central o grandes baños con jacuzi, o porque eran demasiado pequeñas para ocupar un lote tan grande en alguna de las áreas más codiciadas de la ciudad. En cada caso fueron derribadas cuando una convergencia de factores hizo que fuera más económico, en el sentido más amplio del término, construir algo nuevo en lugar de hacer arreglos a la vieja construcción.

Observar que esto pasa cada día a mí alrededor, me ha dado una pauta para pensar en el cambio. Gerardo Muniello suele decir que un bebe con los pañales sucios es el único que busca el cambio, pero mi poca experiencia con los bebés me ha mostrado que a veces ni ellos lo reciben con agrado. Ya sea que nos guste o no, que estemos conscientes de ello o no, el ámbito de la iglesia está experimentando cambios que tienen un paralelismo con los bienes raíces en Orlando.

La globalización, la tecnología y la comunicación son algunos de los factores que están permitiendo una reproducción en masa de modelos de iglesia «exitosos» que, por ser más de lo mismo, extendiéndose más y más, me hace pensar en los suburbios. Por ejemplo, desde Alaska hasta Tierra del Fuego se puede encontrar congregaciones que han formado grupos pequeños usando el libro de Rick Warren, 40 días con propósito, o que han cantado alguna traducción de Canta al Señor de Hillsong Music de Australia.

La restauración del centro de Orlando tiene un paralelismo con el retorno a antiguas maneras de practicar la fe cristiana. Esto está pasando en una variedad de formas, como la recuperación de las disciplinas espirituales y el interés en la iglesia Ortodoxa o Celta así como el literal reclamo y renovación de los edificios religiosos que fueron abandonados por sus congregaciones y dejados para deteriorarse en los centros urbanos.

También existe la demolición, y no me refiero a los ataques externos como la negación de milagros por la Modernidad o de la verdad absoluta por el Postmodernismo; estoy hablando de una insatisfacción creciente, global y de profundas raíces, con los métodos y modelos asociados a la iglesia. De manera similar a la disonancia que Tim y yo sentimos entre nuestras vidas y la percepción tradicional de lo que es un misionero, muchos seguidores de Cristo sienten que hay una profunda desconexión entre sus valores y creencias fundamentales y las tradiciones y percepciones culturales relacionadas con su fe.

Algunas personas que viven en Winter Park han descubierto que les conviene derrumbar sus casas y comenzar de nuevo. Debemos contener nuestra nostalgia y analizar cuándo y cómo nos conviene hacer lo mismo. Por ejemplo, un amigo que tiene mas que veinte años trabajando con Cruzada Estudiantil, el ministerio reconocido por sus herramientas evangelísticas de gran impacto en el ultimo siglo, ha visto que los métodos antiguos ya no son eficaces para llegar a su grupo de enfoque: adolescentes y jóvenes posmodernos en Europa occidental. Él propone una demolición de modelos de evangelización que terminen en una aprobación intelectual a una serie de proposiciones lógicas. Él también lleva a cabo una deconstrucción de modelos que aíslan la proclamación de las Buenas Nuevas del proceso de discipulado e ignoran la importancia del acompañamiento espiritual y la comunidad en el proceso redentivo.

Hay una creciente conciencia de que los cristianos necesitamos salir de nuestro ghetto evangélico, con su cultura y su jerga, a fin de entablar una conversación con el mundo que nos rodea. Teniendo en cuenta los dramáticos cambios culturales que están ocurriendo a nuestro alrededor, el panorama eclesiástico deberá también deberá sufrir cambios.

Latinoamérica, 1996-2006

El «llamado» de Tim a «las misiones» provino de una estadística que leyó a fines de los años ochenta en la revista Youth Worker Journal [Líder Juvenil] afirmando que el 95% de los líderes capacitados en el ministerio juvenil vivían en Estados Unidos de América donde habitaba sólo el 6% de la juventud mundial. Entonces comprendimos que si nos dedicáramos a capacitar líderes, podríamos ayudar a equilibrar esta triste situación. El equipo de SEPAL en México nos ayudó a ver que el 50% de la población mexicana tenía menos de 18 años, de acuerdo con el censo de 1995, y, aunque las diferentes denominaciones realizaban eventos periódicos de motivación para adolescentes y jóvenes, prácticamente no había disponible entrenamiento específico para líderes juveniles. Dispuestos a poner nuestro granito de arena, el primero de enero de 1996 nos mudamos a México.

En aquel entonces la capacitación para el ministerio juvenil en los Estados Unidos de América parecía centrada o en métodos específicos (por ejemplo, cómo dirigir un grupo pequeño, enseñar de forma dinámica, realizar evangelismo creativo, etcétera) o en un modelo especifico, es decir un ministerio enseñaba como implementar su estrategia propietaria. No queríamos promover un modelo de ministerio juvenil, especialmente si se había creado el prototipo en otro país. Lo que sí queríamos era enseñar a los líderes principios básicos de ministerio emanados de la Biblia a fin de que, con base en estos fundamentos, ellos pudieran desarrollar modelos y métodos apropiados para su contexto único. Por eso, cuando conocimos un movimiento llamado Raíces, que provee «un entrenamiento basado en principios de trabajo de la Pastoral Juvenil, no en métodos o modelos», encajamos a la perfección.

Los años que hemos formado parte del equipo timón de Raíces, hemos visto lo difícil que es la transición de los principios a la práctica. Por ejemplo, Verónica, la encargada del ministerio juvenil en nuestra congregación en México, tiene una licenciatura del seminario, se ha dedicado a la pastoral de los jóvenes y adolescentes por años, asistió a la conferencia de Raíces en Guatemala en 2001 y trabajó como «formador» en tres conferencias durante los siguientes dos años, pero no fue hasta que pasó todo un mes trabajando en una comunidad que pone en práctica lo que Raíces propone enseñar, que sintió que al fin captó las ideas. Más aún, desde el momento en que Verónica comprendió la enseñanza en su plenitud, sigue siendo un gran reto darle cuerpo a todos los principios en su ministerio día a día. En su libro Confessions of a Reformission Rev.: Hard lessons from an Emerging Missional Church [Confesiones de un reverendo reformisionaria: lecciones difíciles de una iglesia misional emergente], Mark Driscoll describe una de las razones del por qué:
Uno de los más grandes inhibidores para mantener que una iglesia se dirija a su misión son las expectativas, declaradas o no, que la gente tiene de los líderes de la iglesia y sus familias. En una iglesia misional, el pastor que la dirige es el arquitecto que construye el barco y no tanto el capitán que lo pilotea, o el cocinero que lava los platos en la cocina, o el director de actividades que coordina las reservaciones de las canchas. El rol del arquitecto es increíblemente importante pero la mayoría de los pastores han sido entrenados para trabajar en un barco y no para construir un barco.
La arquitectura siempre me ha interesado, pero una conversación con un arquitecto reconocido por sus planos para escuelas en Argentina, me llevó a relacionarla con la iglesia. Tomando el té en su casa, le pregunté al arquitecto, Jeffrey, acerca de la arquitectura posmoderna. El postmodernismo estaba de vanguardia en el ministerio juvenil en ese tiempo así que me sorprendió cuando Jeffrey dijo que en los círculos arquitectónicos era cosa del pasado. Estaba fascinada con la oportunidad de dar un vistazo al futuro, así que le pedí que me explicara a dónde había llegado la corriente arquitectónica desde el postmodernismo.

Jeffrey me explicó que él estimula a sus estudiantes de arquitectura a investigar los modelos arquitectónicos que eran nativos a la zona donde iban a construir antes de que la forma de las estructuras fuera dictada por el estilo clásico, modelos que se habían ido desarrollando orgánicamente como respuesta a las necesidades prácticas de la región. Por ejemplo, me contó de una escuela que estaba construyendo en una zona de Argentina en donde el diseño de los edificios originalmente incorporaba aleros sobresalientes para dar sombra a las ventanas durante las tardes en que los rayos del sol pegan con mucha fuerza. Al tener en cuenta esta tradición e incluirla en su diseño, él fue capaz de mejorar significativamente la eficiencia energética del edificio y la comodidad de los estudiantes durante las tardes. Así que la arquitectura post-postmodernista, de acuerdo con Jeffrey, fue la unión de la sabiduría arquitectónica regional con la vanguardia de materiales y tecnología a fin de crear estructuras que satisfacen mejor la escala de necesidades de los individuos que van a utilizar el edificio.

Desde entonces, he recordado muchas veces esa conversación. El rol bíblico de los líderes no es llevar a cabo todo el ministerio que ocurre sino es «preparar al pueblo de Dios para las obras de servicio» (Efesios 4:11, 12). Sin embargo, para que los líderes sean arquitectos capaces de idear un modelo de ministerio que responda a las necesidades específicas de las personas que le rodean, necesitan la visión y las herramientas para llevar a cabo ese rol.

Hace varios años http://www.paralideres.org/, el sitio web que fundamos para proveer recursos y capacitación para líderes de adolescentes y jóvenes de habla hispana, llevo acabo «El concurso parábola» que invitaba a los usuarios del sitio a crear historias originales que expresaban las verdades contenidas en la parábola del hijo pródigo. A través de esta competencia, esperábamos proveerles a los líderes la oportunidad de pensar sobre el contexto actual, tanto de la cultura juvenil como de la iglesia, y la oportunidad de desarrollar una herramienta práctica para superar la enseñaza dirigida al intelecto con historias que llegan de forma más directa al corazón.

En busca de una forma para ayudarles a analizar lo que vi como la condición y el propósito de la iglesia, se me ocurrieron tres metáforas: un monumento, una veleta y una brújula.

Monumento—Esta imagen ilustra cómo funciona, generalmente, la iglesia institucional: da testimonio de algo que ocurrió en el pasado pero absorbe a la gente en su mantenimiento mientras, como resultado del paso del tiempo y los cambios culturales, pierde significado en la población general.

Veleta—Este tipo de congregación trata de corregir algunas debilidades inherente al modelo del monumento estando más en contacto con la cultura que les rodea, pero pierden recursos en el cambio constante y corren el peligro de permitir que la cultura, en vez de la palabra de Dios, le dicte qué creer y qué hacer.

Brújula—Me gustó esta imagen por su sencillez (la brújula no hace mas que señalar al norte y Jesús les pidió a sus discípulos que orienten a la gente hacia Dios, «Ir a hacer discípulos a todas las naciones») y porque no está relacionado con ningún lugar o cultura. Es portátil y puede usarse en cualquier situación.

Mi tratamiento original de estas imágenes fue simplista, pero con el paso de los años se ha ido desarrollado, convirtiéndose en herramientas que me ayudan a discernir lo que está sucediendo a mí alrededor y en mí interior.

6042 E. 13th St., Wichita, KS, EEUU

Mi mamá siempre se refiere a su casa, actual o anterior, por la dirección. Yo crecí en el 6042 –una casa de ladrillo que se hallaba en doce mil metros cuadrados de llanura que nunca había sido cultivada. Ya que a mi mamá le encantan las flores y a mi papá los árboles, mi hermana mayor y yo crecimos desmalezando los jardines con flores y plantas ornamentales y arrastrando mangueras largas por toda la propiedad para regar los árboles. Además de este mantenimiento general, cada año mi mamá nos asignaba, a mi hermana y a mí, un área para que plantáramos y cuidáramos nuestro propio jardín con flores. El mío se situaba debajo de la ventana de la recámara de mis padres. Me parecía un área muy grande para que yo la cuidara sola, pero afortunadamente varios arbustos ocupaban parte del espacio.

Tengo la idea de que pasé cada sábado de la primavera y verano trabajando en el jardín. Supongo que no fue estrictamente cada uno de los sábados, pero sí pasé mucho tiempo preparando la tierra para las nuevas semillas y plantas, construyendo unos bordes limpios para que el pasto no invadiera mis plantas y, desde luego, sacando las malas yerbas. De lo que aprendí en esos sábados, podría escribir un libro titulado Todo lo necesario, lo aprendí en el jardín. Me di cuenta de que invertir tiempo en una buena preparación de la tierra antes de sembrar ahorra muchas horas de desyerbar después. Aprendí la importancia de distinguir entre las plantas buenas y las yerbas malas cuando apenas eran brotes. Me di cuenta que es mejor desyerbar regularmente, porque entre más esperes más se esparce la hierba y las raíces llegan más profundo. Y, a pesar de mis esfuerzos de mantener un ambiente propicio, sabía ver que la vida, el crecimiento y la belleza del jardín vinieron de Dios.

En el libro Los cuatro amores, C. S. Lewis describe la interacción entre la vida de un jardín y el trabajo de jardinero:

…cuando el jardín está en todo su esplendor, las contribuciones del jardinero a esa gloria siguen siendo, en cierto sentido, despreciables comparadas con las de la naturaleza. Sin la vida que surge de la tierra, sin la lluvia, la luz y el calor que descienden del cielo, nada podría hacer él. Cuando ya ha hecho todo, tan sólo ha incentivado aquí, y desincentivado allá, poderes y bellezas que tienen un origen diferente…

Liberar este esplendor, permitirle ser plenamente lo que está intentando ser, tener árboles altos en vez de una maraña de matorrales y manzanas dulces en vez de ácida fruta silvestre, son parte de nuestro propósito.

Veo un paralelismo entre los jardines y la iglesia, el deseo del jardinero y de los miembros del cuerpo de Cristo: añoramos «liberar el esplendor» de lo que amamos. Lo cual nos lleva a preguntar, ¿cómo lo hacemos?

En la jardinería se debe saber qué clase de jardín quieres para identificar lo que hay que sembrar, podar, nutrir y cuales yerbas arrancar. Las metáforas pueden ser herramientas útiles en el proceso de análisis porque dejan fuera de la vista algunas cosas y hacen sobresalir otras, lo que nos permite ver más claramente. Veamos algunas metáforas que usó Jesús: el reino de los cielos es como levadura, es como una semilla de mostaza, como una red que se lanza al lago. Cada una de estas imágenes nos ayuda a enfocarnos en una característica particular del reino de Dios, sin perdernos en todos los detalles.

De igual forma las metáforas del monumento, veleta y brújula—con sus limitantes, como toda metáfora— han ayudado a que me enfoque en aspectos específicos del cuadro grande de la iglesia. Por años he vivido con una disonancia entre mi experiencia de iglesia y lo que añoro vivir. Estas metáforas me han servido de herramientas para mitigar esta tensión y me han dado una visión más clara de lo que la iglesia debe ser y no debe ser, lo cual me ha ayudado a discernir cómo y a qué enfocar mi tiempo y mis esfuerzos. A continuación voy a contar en detalle mi experiencia con cada uno de los diferentes tipos de congregación, en espera de que pueda serte de utilidad también. Quiera Dios darte ojos para ver lo que Él quiere que veas y oídos para oír lo que te está diciendo, a causa de, a pesar de, o independientemente de lo que aquí está escrito para gloria de Cristo y Su reino.
Hoy danos una nueva idea, una nueva visión
Que revolucione la vida y rompa la tradición.
Hoy revélanos tus misterios, tus verdades Señor
Que nos desafían y pongan a prueba nuestro amor.

Quiero discernir tus caminos y pensamientos
Para ser llevado como la barca es llevada por el viento
Nada ni nadie va a impedirme este recorrido
Pues es mi pasión, es mi convicción y es mi destino.
Dame una nueva visión Miguel Cassina

sábado

Segunda parte: Capítulo 3

LA IGLESIA COMO UN MONUMENTO


Una clase de recuerdo que no se lleva a la redención es lo que muchas personas llaman «nostalgia». Que triste visitar amigos o parientes ancianos y encontrarlos decaídos, aferrados a «los buenos días de ayer»; no tienen vida en el presente y poca visión del futuro porque están encerrados en el pasado.

EL ROMANCE SAGRADO Eldredge y Curtis


En su libro clásico del año 1975, The Problem with Wineskins [El problema con los odres], Howard Snyder escribió que los edificios de iglesia dan testimonio de cinco hechos respecto a la iglesia de Occidente: su inmovilidad, inflexibilidad, falta de unión, orgullo y divisiones de clase. «El Evangelio dice “Ve”, pero nuestros edificios eclesiales dicen “No te vayas”».

SHAPING OF THE THINGS TO COME Frost & Hirsch

jueves

Un gato muerto en una calle sin nombre, colonia Casa Blanca, MEX

Tan pronto como empecé a pensar en los monumentos como una metáfora para congregaciones locales, los veía en todas partes, desde los impresionantes—obeliscos, arcos, estatuas, edificios—hasta los que fácilmente pueden pasar desapercibidos como placas conmemorativas y lápidas. Si prestas atención a los monumentos que te rodean, comenzarás a sentir lo que significa que la iglesia sea un monumento. Para mí, la metáfora es «atraccional», llena de historia y me hace pensar en algo hecho de un material durable y rígido. Confieso que cuando comencé a considerar el paralelismo entre las congregaciones y los monumentos usé la metáfora para criticar lo que yo veía como instituciones eclesiásticas rígidas y sin vida.

Una mañana, durante nuestra caminata por nuestro barrio en Toluca, Tim y yo pasamos frente a un gato muerto en el camino. Nadie recogió el cuerpo, así que durante las siguientes semanas ese gato se convirtió en parte de nuestras caminatas matutinas. Durante la primera semana evitamos pasar por esa calle a causa del olor y las moscas, después regresamos a nuestro recorrido acostumbrado, pero yo caminaba lo más lejos posible del gato, hasta que ya no quedaba gran cosa de él.

Una mañana al ver los restos del gato, Tim dijo: «Resulta extraño que las cosas que tuvieron más vida se desintegren más rápido y las que ya estaban muertas...los dientes, el pelo y las uñas... son las que duren más.»

El gato muerto se convirtió para nosotros en un símbolo de las instituciones cuya vitalidad espiritual ha desaparecido aunque la estructura aún exista: un mero monumento al pasado. Pero sería reduccionista si dejara allí la metáfora del monumento.

Aunque me gusta la sensación de validez que viene por sentirme capaz de demostrar porqué yo estoy en lo correcto y alguien más está equivocado, reconozco que esa clase de acercamiento no es útil para nadie. No me ayuda mucho porque el orgullo perjudica en vez de procurar mi bienestar. No ayuda mucho a mis amigos porque, probablemente, en parte los son porque piensan como yo; entonces la gente que podría beneficiarse de una discusión acerca del valor de una institución específica es la misma gente que está entregando su energía y recursos en ella, es la misma gente que podría sentirse rechazada por mi análisis que considera como muerta dicha entidad.

Lo que sí puede ser útil es detenernos y pensar acerca de las fortalezas y debilidades de los monumentos, su uso adecuado y los peligros que podemos evitar en la iglesia.

En la cama con Tim, Martínez, AR

El título suena como si esta parte fuera más interesante de lo que es en realidad, pero no es publicidad engañosa. Me había levantado temprano para escribir, pero Tim me hizo una pregunta y decidí regresarme a la cama para continuar la conversación más cómodamente:

«¿Cómo te fue ayer con lo que estás escribiendo» me preguntó.

El día anterior había sido el último día de la visita de Chase a Argentina, y en todo el día yo no había visto a Tim, a Chase y a Terence, ya que pasaron toda la tarde explorando el delta del río Paraná, un encantador laberinto de islas y canales. Renuncié a ir de excursión a uno de mis lugares favoritos en la tierra para tratar de escribir algo que valiera la pena acerca de congregaciones como un monumento.

«Estuvo bien— le conteste —pero no sé que tan didáctica debo ser; quiero que esto sea un marco para discusión, pero en este momento soy la única que habla.»

Tim no me dio ningún consejo acerca de mi dilema, simplemente me animó y oró por mí. Pero, después de dieciséis años de estar casada con él, sé que Tim valora mucho la comunicación clara; él no se cansa de hablar sobre un asunto si piensa que algo todavía no está claro o que puede haber un malentendido. Así que en honor a la claridad voy a presentar una lista de algunas de las propiedades generales de los monumentos que son particularmente relevantes para la metáfora de la iglesia como tal.
  • Los monumentos están localizados en un lugar en particular.
  • Los monumentos apuntan al pasado, sirven mayormente para recordarle al espectador acerca de individuos o eventos importantes.
  • Los monumentos son valorados y comprendidos por un grupo que comparte historia y cultura.
  • Los monumentos pueden hablar por sí mismos, pero su impacto se maximiza si tienen un intérprete.
  • Los monumentos requieren una considerable inversión para su construcción y mantenimiento.

Maui, Las Islas Hawaianas, EEUU

Cuando yo tenía seis años mi familia pasó un mes en Hawai. No recuerdo cómo me sentía respecto a la costa antes, pero en ese viaje me enamoré del agua color jade, la arena blanca, las palmeras, los peces tropicales, el olor a frangipani, el sonido de las olas y el poder usar traje de baño todo el día y todos los días. Ocasionalmente, mis padres nos sacaban de la playa, a mi hermana mayor y a mí, para que aprendiéramos algo de la historia de las islas; en una de esas salidas, llegamos hasta una enorme estatua del Rey Kamehameha, con el pecho desnudo pero luciendo una capa y un penacho alto.

No presté ninguna atención a la información que mi padre nos leía acerca de él de una placa en la base de la estatua porque, cuando escuché la palabra «rey», comencé a imaginarme que yo era su tatara-tatara-tataranieta, y pensé que esa era la razón por la que mi piel era más oscura que la de mis compañeros de clase en Kansas. He olvidado los detalles específicos que inventé respecto a este descubrimiento, pero sí sé que soñaba con la idea de mudarme a Hawai, como parte de la realeza, y poder disfrutar a diario las delicias de ese mundo tan diferente de mi vida ordinaria.

Ese monumento está entretejido en la tela de mis recuerdos. Sin él no habría recordado el nombre Kamehameha todos estos años; pero dudo que mis fantasías de princesa fueran lo que los hawaianos tuvieran en mente cuando erigieron la estatua para honrar la memoria del gobernante que unificó las islas de Hawai. Tuve una grata experiencia, pero, al igual que la mayoría de los monumentos que he visto en mi vida, no ha tenido un impacto significativo en mí.

No todos los monumentos son construidos para conmemorar algo; originalmente algunos tuvieron una función en la sociedad, pero después de un tiempo, se convirtieron en gran medida, y a veces exclusivamente, en algo conmemorativo, instructivo, o en un ícono. El pueblo vaquero histórico de Wichita, Kansas, ejemplifica esta clase de monumento.

Pueblo Vaquero, junto al Río Arkansas, Kansas, EEUU

Durante los días calurosos del verano de mi niñez, gané condecoraciones de los Girl Scout por trabajar como guía en el histórico Pueblo Vaquero, que mostraba cómo era Wichita en los primero años cuando era una parada importante en el Camino Chisholm. Vestida con una falda larga y un sombrero de tela (todo hecho en casa) permanecía en mi puesto en uno de los antiguos edificios y explicaba su historia y su uso a los visitantes. La tienda de comestibles, la herrería y la oficina del doctor fueron los más interesantes. La casa parroquial era la más fresca porque tenía techos altos y un tejado que terminaba en pico. El banco era el más divertido porque durante la recreación de las tardes unos bandidos salían de la cantina y lo robaban.

Muchas congregaciones me recuerdan al Pueblo Vaquero porque están llenas de elementos que fueron proyectados para promover y mantener la vitalidad, sin embargo, con el tiempo, esos elementos se han vuelto inadecuados para satisfacer las necesidades para las cuales fueron creadas, pero la gente los mantienen por nostalgia; lo que una vez promovía vitalidad se ha convertido en un museo. Y los monumentos requieren de una inversión de recursos para su mantenimiento a causa de la entropía, a causa del deterioro inevitable.

Joel Hunter llenó sus cursos en el seminario con sabiduría práctica recopilada a través de muchos años como pastor, como la vez que nos contó a los estudiantes: «Sean muy cuidadosos si reciben una invitación de una congregación que tenga un cementerio propio». Él explicó que años atrás uno de sus amigos recibió un llamado de una pequeña iglesia que contaba con un cementerio. El tiempo le enseñó al amigo que una comunidad que invierte en mantener un cementerio está enfocada en el pasado y no en el presente o en el futuro. En un momento no les fue bien a los granjeros económicamente y la congregación tuvo que escoger entre mantener al pastor o mantener el cementerio, ellos escogen el cementerio.

Diagonal Santa Maria esq. Ignacio Zaragoza, Metepec, México

Después de estudiar durante seis meses en una escuela de idiomas en Cuernavaca, México, Tim y yo nos mudamos a 160 Km y a 1200 metros más de altitud a nuestro nuevo hogar, la ciudad de Toluca, reconocida por su chorizo y su equipo de fútbol, los diablos rojos. Nos tomó tiempo acostumbrarnos; hasta algo tan simple como aprender nuestra dirección nos costó trabajo ya que vivíamos en una sección de la ciudad llamada San Mateo Oxtotitlán, en la calle Nezahualcóyotl frente al volcán extinto Xinantécatl. Y todavía resultó más intimidante encontrar una congregación donde nos sintiéramos en casa.

El director de SEPAL-México en aquel entonces sabiamente nos aconsejó que buscáramos una iglesia que tuviera un ministerio juvenil lo suficientemente activo en el que pudiéramos involucrarnos, sin que se volviera dependiente de nosotros. Visitamos varias congregaciones que cumplían con esa característica, pero supimos que habíamos encontrado lo que buscábamos cuando visitamos San Pablo un domingo en que se clausuraba la escuela bíblica de vacaciones. El programa era bueno y el lugar estaba lleno de familias, pero lo que nos impresionó fue la pasión de la mujer que dirigía el evento. Después que terminó su exhortación a los padres, Tim y yo nos miramos y dijimos, «Esta parece ser personas con las que nos gustaría trabajar». A lo largo de los casi diez años que fuimos parte de la comunidad de San Pablo, pudimos ver el fruto de su compromiso con el ministerio juvenil y apertura a nuevos modelos de ministerio; sin embargo, también vimos las debilidades que son resultado natural de una congregación que funciona principalmente como un monumento.

De la misma manera que un monumento es diseñado para beneficio de aquellos que se acercan a observarlo, la comunidad de San Pablo funcionaba con base en la suposición, bien expresada por los autores de Shaping of the Things to Come [Formando las cosas venideras], de que el edificio y las actividades religiosas que llaman iglesia, son la «institución a la que los de afuera deben venir, a fin de recibir un cierto producto, o sea el evangelio y todos sus beneficios asociados». Como resultado de esta perspectiva «atraccional», el evangelismo se enfoca en traer a la gente a los programas que se llevan a cabo dentro del edificio, en lugar de llevar el mensaje de Jesús afuera, adonde la gente vive, y trabaja, y juega. Por ejemplo, por varios años la estrategia evangelística del grupo de jóvenes consistía exclusivamente en planear un culto «evangelistico» al año, con un invitado especial, al que se suponía que los jóvenes traerían a sus amigos para escuchar la predicación.

El plan era deficiente en muchos sentidos. Primero, estaba destinado a fracasar porque los padres de la mayor parte de los amigos de los jóvenes les prohibían a sus hijos que asistieran a una reunión protestante.

Otra deficiencia de esas campañas era que incluían canciones sin que el grupo proveyera la letra de las mismas. Siempre me preguntaba cómo se sentiría la persona que estaba de visita siendo la única en el salón que no pudo participar en canto con los demás, aunque tengo una idea, porque Tim y yo tampoco conocíamos muchas de las canciones; lo que nos hizo sentir ajenos y que ese evento fue creado por y para un grupo exclusivo del que no formábamos parte.

Un especialista en cultura, Edward T. Hall, desarrolló el concepto de culturas de «alto contexto» y las de «bajo contexto». El esperar que la gente sepa la letra de una canción porque allí se canta con frecuencia, es una muestra de una cultura de alto contexto, en la que, de acuerdo a Hall: «la mayoría de la información se encuentra en el contexto físico o en personas iniciadas, mientras que muy poca información se da en forma explícita o se transmite como parte del mensaje». Debido a que los miembros de San Pablo comparten una historia, vocabulario, experiencias, valores y expectativas en común, muchas cosas no son comunicadas de forma explícita, y en su lugar se espera que ya todos las conozcan.

Los autores de Shaping of the Things to Come se le pide a la iglesia que «viva el evangelio dentro de su contexto cultural en vez de perpetuar un compromiso institucional apartada de su contexto cultural». Una parte importante de este proceso es reconocer que excluimos a quienes están fuera de nuestra subcultura religiosa cuando asumimos que todos entienden el vocabulario y actividades que fluyen de nuestra historia y tradición.

Una cultura de alto contexto no sólo excluye a los de afuera, sino que puede sofocar a quienes están dentro. Con el tiempo, estas culturas agregan capa sobre capa de tradiciones y reglas, lo que me recuerda la cama en que dormí en el ático en la casa de mi tío en Wisconsin; tenía tanto frío que apilé muchas colchas y me dormí debajo de ellas, pero me sentía sofocada por el peso. Este paralelismo lo vivió una de las jóvenes cuando tenía poco tiempo asistiendo al grupo de jóvenes, accedió dar un aviso durante el culto de adoración del domingo en la mañana. Pude notar que estaba nerviosa, pero hizo un buen trabajo al comunicar la información clara y brevemente, así que me sorprendí cuando se puso a llorar cuando, entre semana, la felicité por lo bien que dio el aviso. Se sintió muy avergonzada porque en la salida uno de los ancianos la había regañado por terminar su anuncio con la frase común «¿Sale?» El le dijo que era irrespetuoso hablar de forma tan informal durante el culto. No había manera que ella supiera esta expectativa nunca comunicada.

San Pablo no sólo era atraccional, definida por su ubicación y una cultura de «alto contexto» da evidencia de otra característica de un monumento: el pasado jugaba un papel prominente. Cuando llegamos nos asombró el hecho de que el evento más importante del año, la actividad que recibía más apoyo de cada sector de la congregación, que consumía tiempo, energía y una parte importante del presupuesto anual, era la celebración del aniversario. Los preparativos comenzaban con más antelación, el santuario estaba más lleno y el servicio duraba más que con cualquier otro evento. Pero el evento se me hizo estéril; consumía energía y recursos, pero no vi que dio impulso a la tarea que Dios nos dio de hacer discípulos.

Parque Güell, Barcelona, España

En el conjunto habitacional diseñado por Antoni Gaudí me puse a analizar una banca sinuosa decorada con pedazos de azulejo. Tim se puso a mi lado, vio lo que yo estaba admirando y dijo: «Para que algo tan rígido cambie de forma, primero se tiene que romper».

La semana previa, habíamos estado en el Monasterio Monserrat en unas reuniones dirigidas por Alan Hirsh, donde considerábamos asuntos acerca de la iglesia relacionados con su libro The Forgotten Ways [Los caminos olvidados] así que mi mente fue directamente a las implicaciones para la iglesia por lo que Tim acababa de decir.

«Oooh, eso está muy bien» —le dije con admiración.

No pude averiguar si él sólo estaba haciendo una observación acerca de esos azulejos en específico o estaba estableciendo una verdad filosófica, pero, de cualquier manera, pienso que él es brillante. Una estructura eclesiástica rígida tendrá que romperse para cambiar.

Debido a que los monumentos se diseñan para durar, se construyen de materiales durables como piedra o metal, sustancias que tienen que ser sometidas a presión, quebradas o derretidas en un crisol, para poder alterarlas. Y entre más durable sea una institución, estaremos más tentados a hacer de ella un ídolo, de hacer de su mantenimiento nuestra meta en lugar de verla como una mera herramienta que nos ayuda a alcanzar otra meta. Cuando nos encontramos invirtiendo en la iglesia como un monumento, necesitamos recordar la conversación de Jesús con sus seguidores cuando se pararon a admirar el monumento de su fe, el templo de Jerusalén:

Cuando salía Jesús del templo, algunos de sus discípulos comentaban acerca del templo, de cómo estaba adornado con hermosas piedras y con ofrendas dedicadas a Dios. Le dijo uno de sus discípulos: «¡Mira, Maestro! ¡Qué piedras! ¡Qué edificios! ¿Ves todos estos grandiosos edificios?»

Pero Jesús dijo: «En cuanto a todo esto que ven ustedes, llegará el día en que no quedará piedra sobre piedra; todo será derribado”».

Lucas 21:5-6 y Marcos 13:1-2

miércoles

Segunda parte: Capítulo 4

LA IGLESIA COMO UNA VELETA


Seamos francos. Nuestras opiniones no fueron tan honestas. Nos encontramos, sencillamente, en contacto con una determinada corriente de ideas y nos sumergimos en ella porque nos pareció moderna y exitosa.

EL GRAN DIVORCIO C.S. Lewis


…hay una corriente en la sociedad que dice que algunas personas son «cool» y algunas otras no lo son, y que es muy importante que seamos «cool». Entonces cuando encontramos a alguien que es «cool» en televisión o en radio, tratamos de parecernos a esta persona para sentirnos valiosos….

El problema con esto es que asigna poco valor a lo que creen las personas, a lo que representan; sólo importa ser «cool»… porque al final la corriente cultural no le da valor a las personas con base en lo que creen, y en lo que hacen para ayudar a la sociedad, la corriente decide su valor con base en si son «cool» o no.

TAL COMO EL JAZZ: pensamientos no religiosos
sobre la espiritualidad cristiana
Donald Miller

Toluca, México

Siempre he estado interesada en el clima. En mi juventud, cada mañana revisaba el termómetro que mis padres tenían afuera de la ventana de su recámara y, aunque no proveía un pronóstico del clima para todo el día, me ayudaba a decidir si usar una blusa de manga corta o un suéter con mi falda a cuadros del uniforme de la escuela católica.

En nuestra boda, alguien nos regaló una «vara de clima»: una ramita cuyo ángulo se elevaba al cielo cuando estaba despejado y se inclinaba hacia la tierra si iba a llover. La pusimos en un árbol en el patio trasero de la casa y terminó siendo más útil que un termómetro, debido a que no hay un rango amplio de temperatura a 19 grados al norte del Ecuador y a 2680 metros sobre el nivel del mar; casi siempre está fresco, excepto cuando llueve; entonces hace frío.

Otro dispositivo meteorológico simple es la veleta, que ayuda a la gente a predecir el tiempo por los cambios en la dirección del viento. Aunque no tengo ninguna experiencia personal en el uso de una veleta como herramienta de predicción, se convirtió en una importante metáfora en mis ideas acerca de la iglesia, debido a la forma en que difiere de un monumento.



En vez de apuntar constantemente hacia el pasado, una veleta presta atención hacia el presente inmediato, con un ojo hacia el futuro cercano. En contraste con las congregaciones enfocadas en su herencia y su historia, existen las que están interesadas principalmente en el hoy y en el mañana; no piensan en términos de categorías históricas de teología o denominaciones. Los estantes de libros de sus congregantes están llenos de obras de autores contemporáneos, y su alabanza colectiva se centra en canciones escritas no muchos años atrás, tal vez hasta de los últimos cinco años. Por ejemplo, un líder de alabanza que conozco, elige sus canciones exclusivamente en los frecuentes estrenos en CDs y libros de cantos que la Compañía Musical Vineyard saca al mercado.

Los cambios frecuentes son característicos en las veletas y constituyen otra diferencia con los monumentos que no cambian, excepto cuando se desintegran. La congregación de Quintana Roo, conocida así por el nombre de la calle en donde se localiza el edificio, provee un ejemplo de cómo una iglesia puede cambiar debido a los vientos que prevalecen a su alrededor.


Cuando nos mudamos a Toluca, esta congregación era la única que contaba con un pastor de jóvenes a tiempo completo y tenía uno de los grupos de jóvenes más grandes en el área. A través de los años, el pastor de jóvenes, JC, se hizo amigo nuestro y se ganó nuestro respeto como colega en el ministerio. Le invitamos a nuestras conferencias para que enseñara a los líderes de jóvenes a cómo usar las artes tanto en el ministerio juvenil como en el evangelismo, y él nos invitaba a enseñar a los líderes de las iglesias de su red. Estando inmerso en la coordinación de un ministerio juvenil grande así como en varios proyectos con niños marginados patrocinaos por Compasión Internacional, JC se tomó el tiempo de escribir una columna para nuestro sitio web para líderes de jóvenes, y hasta viaja por todo el continente enseñando a los líderes con quienes entró en contacto a través del sitio web.

Debido a que siempre tenemos mucho de qué hablar y muy poco tiempo para reunirnos, no escuchamos con frecuencia cómo van las cosas con el programa juvenil de esta congregación. Pero, en una cena pocos meses antes de que dejáramos México, JC nos dio una sinopsis de su ministerio a través de los diez años que teníamos de conocerlo:

Nuestro grupo regular contaba con 75 jóvenes y era uno de los más grandes de la ciudad. Me sentía muy complacido con esa situación hasta que quise saber cuántos adolescentes y jóvenes adultos venían a nuestros cultos de adoración los domingos. Hice un censo y encontré que eran más de 400. Nuestro «gran» grupo de jóvenes estaba ministrado a menos del 20% de la población de jóvenes que asistían al culto.

En un esfuerzo por cambiar esto, implementamos una estrategia que complementaba nuestras reuniones de grupo grande, con grupos hogareños. Esto fue un éxito tal que el liderazgo de la iglesia decidió aplicar una estrategia de grupo pequeño para la iglesia entera.

Mientras JC hablaba, recordé una conversación que tuvimos cuando él se hallaba animado con el éxito de los grupos pequeños para jóvenes, y con mucha razón, ya que se sentía honrado de que la iglesia viera el ministerio juvenil como un modelo a imitar; en ese tiempo, Tim intentó explicarle que los grupos pequeños multi-generacionales que la iglesia pensaba formar tendrían de hecho una dinámica muy diferente de la de los grupos pequeños que tenían con los jóvenes. Tim también compartió su opinión, basada en muchos años de observación y de experiencia personal, de que el plan de formación espiritual de una congregación debe incluir un ambiente en que los jóvenes puedan ser discipulados de acuerdo a las necesidades propias de la etapa que están viviendo. En ese entonces JC hizo caso omiso de esa preocupación, respondiendo que el nuevo pastor de su iglesia había estudiado en Corea el modelo que ahora estaba implementando, y que había visto un crecimiento dramático en su iglesia local en Centroamérica.

Regresando a nuestra cena de despedida, JC nos explico lo que había pasado como resultado de la nueva estrategia:


Cuando el pastor centroamericano empezó a implementar su modelo, desmanteló los grupos pequeños de nuestro ministerio juvenil e incorporó a los adolescentes y jóvenes de veintitantos años en grupos celulares heterogéneos y multi-generacionales. Los líderes del ministerio juvenil enfocamos todas nuestras energías en la nueva visión de la iglesia. Lamentablemente, el cambio fue desastroso para nuestro programa juvenil porque las nuevas células eran dirigidas por adultos y perdimos el ambiente en el que habíamos estado mentoreando a los líderes de jóvenes. A causa de que nuestro tiempo y energía, y el de nuestros voluntarios anteriormente comprometidos con el ministerio juvenil, estaban enfocados hacia los miembros de nuestros grupos celulares, que incluía todas las edades, tuvimos mucho menos contacto con los jóvenes. La mayoría de los adolescentes y jóvenes adultos no se sentían a gusto en las células heterogéneas y, al poco tiempo, dejaron de ir.

Nos tomó más de un año darnos cuenta de todo esto, y nos tomó muchos años más volver al punto donde estábamos antes de que importáramos el nuevo modelo.

Cuando la conversación llegaba a su fin, JC nos dijo que el liderazgo de su congregación había decidido recientemente implementar un nuevo modelo llamado «G-12». Esta estrategia de crecimiento de la iglesia se ha desarrollado en Colombia, así que iban a enviar a JC para que aprendiera cómo encabezar el proyecto. Mi intención no es enfocarme en los méritos de los grupos pequeños homogéneos sobre los heterogéneos, ni comentar acerca del movimiento G-12; simplemente quiero ilustrar cómo una iglesia se puede ver como una veleta, cambiando su dirección con los vientos de cada nuevo modelo.

 
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